domingo, 12 de abril de 2009

Rue des Cascade


Hace mucho tiempo que esperaba esto...
Hay un silencio incomodo que gobierna toda la urbe. Se siente una calma desesperante en la ciudad que anida la tristeza y mora las penas.
El viento que recorre los adoquines muertos, como un aullido desgarrador en el quietud de las noches sin luna, vociferan, en un suspiro los malos recuerdos que la lluvia no lavo. Eso recuerdos que siguen caminando por los laberintos de mi cabeza. Esos que te hielan la sangre y trepan por tu espalda, los que te paralizan, los que te hacen dudar, los que dan miedo.

En donde estoy?
No hay en donde esconderse.
Que hago acá?

Justo ahí en donde se produce un pequeño lapso de razón, en ese mismo instante en donde todo queda exactamente tal cual como esta, todo se torna inerte, en donde ves mas allá de las fronteras de tus ojos, en donde descubrís que seguís vivo y estas parado ahí. Uno de esos días, en donde las nubes oscurecen todo y las hojas caen muertas al suelo. En donde la calma y la desesperación, hacen un vacío asfixiante dando paso a ese instante antes de que preceda la tormenta. A donde ir? A donde correr?

“...Este odio maldito que llevo en las venas, me amarga la vida como una condena. El mal que me han hecho es herida abierta que me inunda el pecho de rabia y de hiel...”

Tranquilo, sabes en donde estas, sabes que es lo que va a pasar. No lo sé.

Se cola entre las cortinas de la ventana una brisa fresca. Un calor sofocante, agobiado tortura su cuerpo inmóvil entre las penumbras de la habitación. Todo esta calmado, todo esta en su lugar y cada una de las piezas están en su lugar listas para ser usadas.

Por fin corre aire. Es muy renovador, se siente bien. Es...

“...Desesperante, aniquilador, ultrajante...
Es exactamente igual. El mismo sabor, la misma sensación. Otra vez. Es...
“...Desesperante, aniquilador, ultrajante...

Se toco el brazo izquierdo, lo acaricio. Así permaneció un largo rato, solo en la habitación. Escucho un ruido y miro para ver de donde se dirigía. Trataba de respirar sin que se escuche su respiración. Le latía mas rápido de lo común el corazón. Una euforia lo regía de pies a cabeza. Un calor profundo se expandía de sus riñones, cruzando toda su espalda.

Esa nostalgia que llevo en mi piel. Marcas, huellas, cicatrices que deja el rezongó de la memoria, espacios en blanco inmensurables. Brechas profundas de mares infinitos en donde flotan los cadáveres del desamor.

“... Por mi se va a la Ciudad doliente, por mi se va al Eternal Dolor, por mi se va con la perdida gente. Fue la Justicia quien movió a mi autor. El Divino poder se unió al crearme con el sumo saber y el primo Amor. En edad solo puede aventajarme lo Eterno, mas eternamente duro. Perded toda esperanza al traspasarme...”

Otra vez el mismo libro. Es el día de hoy que sus palabras me siguen asustando. Cada vez que lo leo, siento que me quema, siento que se cala en mis huesos, helando mi alma, frisando mis sentidos, congelando mi corazón.

Ahí permanece, acostado en su cama, quieto. Las sabanas están frías a pesar del calor húmedo y agobiador de verano. No encuentra una posición adecuada para poder descansar. Gira para un lado, para el otro y sigue incomodo. Hasta que decide quedarse un rato boca arriba mirando el cielo raso de la habitación, mirando los diversos grises y sus matices en las paredes desteñidas. Una vez más vuelve a girar, hasta que se quedo un rato largo mirando a través de la ventana con la mirada perdida. Sin sueño. Ahí estaba, solo, desvelado en la profundidad de la noche. Las cortinas transparentes de la habitación vuelan lentamente, se mueven con dulzura como un ballet imperial. Danzando al ritmo del viento; danzando al compás de los latidos de su corazón.

Silencio.

La luz de la luna entra suavemente cubriendo de ese brillo plateado todo lo que toca. Como un alma en pena, a media noche, algo trepa por su lomo, él lo siente pero se queda quieto. Una lagrima amarga rueda por su mejilla. Cae áspera sobre las sabanas.

“...Por una cabeza, todas las locuras. Su boca que besa, borra la tristeza, calma la amargura Por una cabeza, si ella me olvida qué importa perderme mil veces la vida, para qué vivir...

Cruza el pasillo, a paso lento, tembloroso. Se escucha como los tacos agujas hacen crujir los pelos de la alfombra.
Ahí se queda, estática, inerte enfrente a la puerta. Alguien cruza al final del pasillo. Lo ve de re ojo, sin prestarle atención, sin darle importancia, sigue ahí parada. Una gota de sudor recorre su frente deslizándose por su ceja hasta que cae sobre su mano derecha. Mira la gota de sudor y hace unos pasos para atrás. Siente las palpitaciones de lo que queda de su alma. La duda se hizo tan fuerte, irrevocable que como un halo de bruma le comienzan a templar las manos. Siente que sus piernas no resiste el peso que hay en sus hombros, que el mundo cada segundo esta más pesado. Escucha a lo lejos unos murmullos. Respira profundo, da un paso, vuelve a tomar aire, da otro paso, mira a la derecha y no ve a nadie, mira a la izquierda y no ve a nadie. Vuelve a respirar y comienza a caminar hacia la puerta. La puerta veintiocho. Lentamente extiende su mano hasta el picaporte. Justo antes de agarrar el picaporte se queda paralizada, como un haz de luz que la dejo ciega, ahí permanece quieta, muy quieta.

Dos mas Ocho igual Diez, o sea que es perfecto por que los ceros no suman. Por que dicen que el diez es un número maestro y que todo lo que queda bajo “él” es lo mejor y para siempre. Que así sea. Como digas, sabes que nunca fallo...

Esta decidida a darle la vuelta a la perilla y sin dudarlo la gira con fuerza, haciendo todo lo necesario para que no rechine, hasta que siente el ruido de la cerradura. Esta abierta. Comienza a empujar la puerta y mira a la profundidad de la oscuridad del cuarto. Dio un paso y sintió que cambio la aspereza de la alfombra. Soltó el picaporte, estaba dispuesta a entrar de una y hacer su trabajo hasta que escucho unos pasos cercas y el sonido de una puerta que se habré rápidamente. Su corazón dejo de latir por unos segundo, la sangre se le acumulaba en el cuello. Necesitaba algo para que todo vuelva a la normalidad, para que vuelva a respirar. Inmóvil su cabeza le decía que reaccione, que haga algo y lo primero que en sus reflejos hicieron fue dar un paso gigantesco hacia atrás pega su espalda contra la pared del pasillo. Mira la puerta. Esta nerviosa, esta pensando meticulosamente cual va a ser su próximo movimiento. En la punta del pasillo una mujer sale despeinada y con un zapato en la mano doblando hacia la derecha. No aguantaba más la tensión, necesitaba respirar con urgencia, pero ahí estaba. Mira hacia la derecha y escucha un nombre en el aire. Volvió a mirar la puerta y de reojo algo le llamo la atención, giro la cabeza hacia donde provenía el sonido y ve a un hombre de estatura media con una bata y un vaso de whisky en la mano siguiendo a esta mujer que había salido un minuto atrás. Respiro profundo y los latidos de su corazón empezaron a disminuir, dejando de resonar en su cráneo. Miro nuevamente la puerta y el número veintiocho. Saco el arma con el silenciador para que el disparo sea un susurro en el viento.

“...Maldita suerte, este nido de amargura q cargo en mi pecho, en esta encrucijada, vestidos de harapos y trapos viejos, todo malhecho. Me arrodillo ante la desesperante idea de tu partir...

Hace hora que quiero cerrar los ojos y dormir. Hace mucho que sueño con dormir sin sobresaltos. Hay algo.( No te engañes...) Necesito tranquilizarme. (Todavía la amas...) Necesito dormir. Tranquilo.

Vamos, respira profundo, sabes que es uno más.... ( Uno más?) Ya lo has hecho miles de veces. ¿Por que tenes tantos nervios?. ¿Qué tiene el de diferente al resto?. ( No hace falta ni explicar por que no es uno más...) Sabes que vas a cobrar un gran cheque en la mañana. Sabes que necesitas el dinero. ( Todo por dinero?) Hacelo. ( Castigo...) No dudes, deja de vacilar... ( Castígalo...) CALLATE!!

Fíjate que este todo bien.... para un segundo... “Rue des Cascade”. Si, diga. Esta bien. OK entendido, si, si ya esta ahí. Si esta todo arreglado. Si lo se señor, esta todo en orden. Quédese tranquilo que su dinero no esta malgastado. Ok, ok, a esa hora lo tendrá Señor, como usted dijo. Muy bien, muy bien, adiós. Perdona. No un cliente. Nada raro, lo normal.

Ahí esta, pensando, tratando de sentirse mejor, tratando de respirar. Se mueve en la cama, las sabanas están frías.
Una horda de viejos fantasmas le invaden la cabeza. El cofre de su memoria doliente ataca de nuevo, de una forma cruel y dañina, esta vez sin medir los perjuicios. Lo único que hace es pensar y maquinarse. Los daños son irreparables...
Retorciendo, estrujando, aplastando. Sintiendo cada centímetro de la herida, buscando lo hondo del corte, haciendo presión para que sangre más. Lo único que lo distrae es mirar los números del reloj digital. Sabe que es hora, que ya no hay vuelta atrás.

“...Tengo miedo del encuentro con el pasado que vuelve a enfrentarse con mi vida. Tengo miedo de las noches que, pobladas de recuerdos, encadenen mi soñar...

Deja de pensar... Dormite de una vez que mañana tenes un largo día... ( No sabes si lo vas a tener...) No pienses en como va a ser mañana, sabes que va a ser igual a los demás... ( Estas completamente seguro que vas a respirar mañana?) Sabes que si, dormite, cierra los ojos y deja todo atrás. Duérmete. (Cierras los ojos y los volverás a abrir?)

Entra.. ( Vos podes!!) Entra de una vez, es fácil, plata fácil, dinero rápido. (Sabes que no podes...) No vaciles, no dudes. Sabes que podes hacerlo. ( Vamos, impartí lo que mejor sabes hacer, júzgalo y condénalo...)

( Vos creías que eran incapaces de hacerlo??) Ellos saben que estas acá. ( Ellos saben que sabes de sus planes...) Ellos saben que tenes miedo, que tu alma quiere salir corriendo por el pánico que sentís en las venas. ( Estas atrapado, no tenes a donde ir) Ellos hicieron todo para que sepas que es lo que te va a pasar.
( Hasta un buen amigo te dijo que era lo que va a suceder...) Ellos dijeron que tu tiempo a llegado. (Hay perros que ya no son útiles) MORDELOS!!

Hay un silencio aterrador. Solamente se escucha levemente el crujir de las sabanas, de unos tacos. Mira hacia la oscuridad del cuarto, sabe que hay algo, que lo esta vigilando, esperando el momento oportuno, para lanzarse sobre él y terminar el trabajo de una vez. Puede ver el brillo de sus ojos, puede oler su cuerpo, el olor de su carne transpirada de sudor frío. Sudor de miedo, de pánico. Sabe que vienen por él, pero se queda esperando a que su asesino entre de una vez y lo aniquile dándole el tiro de gracia que le sacara todo este dolor que lo atormenta desde hace tanto tiempo en cuerpo y alma.
Sin hacer ruido alguno se destapa deja las sabanas en el piso y nota que sus manos sudan como nunca lo han hecho, hasta le tiemblan solamente por que sabe que su destino esta a unos segundos de cumplirse. Trata de controlar el temblor pero es más fuerte que él.

“... Ven —triste me decías–, que en esta soledad no puede más el alma mía... Ven y apiádate de mi dolor, que estoy cansada de llorarte, sufrir y esperarte y hablar siempre a solas con mi corazón...

Trato de hacer callar a mi cabeza. Todos esos ruidos, esos olores. Tantos recuerdos que me perturban. Todos los fantasmas que había logrado callar esta noche están dando vueltas por la habitación. Tengo miedo, pánico, estoy aterrado. Este nudo en mi garganta áspera, con un sabor amargo, insípido, el veneno corre por mi venas. Lo único que quiero hacer es llorar.

Ahí esta parado a un costado de la cama, sin ropa, mirando la oscuridad. Su corazón se había paralizado, su mente estaba bloqueada. Era simplemente la sombra que alguna vez había sido un hombre. Sentía que su organismo no le respondía, que todos los nervios de su cuerpos estaban anulados, bloqueados. Tenia que hacer algo rápido por que no le quedaba mucho tiempo.
Dejo de pensar, dejo de sentir, dejo de ser él y comenzó a caminar. Estaba parado al lado de la puerta, esperando. Con su fiel compañera en la mano, con el puño bien firme y sin posibilidades de que vacile, ahí esperaba, a cada segundo estaba más decido; cada minuto tenia más fuerza; mas furia e ira. Lo invadía completamente, estaba poseído, cegado de odio. Su cabeza en lo único que podía pensar era en acabar con esta tortura lo antes posible, que tanto lo aquejaba.

“...Hoy ya solo abandonado, a lo triste de su suerte, ansioso espera la muerte, que bien pronto ha de llegar. Y entre la triste frialdad que lenta invade el corazón sintió la cruda sensación de su maldad...

Trata de hacer el menor de los ruidos, hace un trabajo limpio, sabes hacerlo. ( No lo hagas...) No pierdas más tiempo, sabes que tenes los minutos contados, sabes que si no te apuras él puede ser el que te caze a vos. ( Puede ser...)

El claro de luna entraba penetrante en la habitación he iluminaba el arma haciendo que brille entre las penumbras. Plateada y amenazadora se veía, llena de furia.
Imponente, sedienta, esperando ansiosa que la usen. Gritando en silencio esperaba, sintiendo como su amo movía los dedos sobre ella agarrandola de una forma segura y cómoda. Ahí esperaban, callados y en silencio. Juntos como siempre, ahí permanecían esperando a que aparezca la presa.

Vamos entra de una vez y terminemos con esto. No tengas miedo, no sientas ese temor que recorrió la primera vez tu cuerpo cuando mataste a alguien. Controla la situación, no dejes que ella te controle a vos. Que no te domine. Usa tu instinto.

Hay algo raro en todo esto, han pasado mas de quince minutos desde que subió. ¿Que pasa? Mas vale que salga todo bien o me matan...

La puerta se habré lentamente, como si el viento la estuviera abriendo, una luz muy tenue entra en la habitación rompiendo una parte de toda la oscuridad compacta que inundaba la habitación. Una sombra se desplaza como una espesa niebla de pantano por el haz de luz. Todo esta quieto.

Un segundo mas, solamente un poco más...

Deja que te lleve, disfruta de esto, es tu ultima vez antes del amanecer...

Todo esta quieto. La sombra se detiene a mitad de su trayecto. El esta ansioso por ver la cara de su asesino. Ella baja el arma.

“...Me persigue implacable su boca que reía, acecha mis insomnios ese recuerdo cruel, mis propios ojos vieron cómo ella le ofrecía el beso de sus labios rojos como un clavel...

Ese olor, esa fragancia. Ese perfume que atraviesa su ropa, el aroma de su carne. Ahora el sabia, sin verle la cara, quien era el asesino que le iba a poner fin a su dolor. Era la misma persona que tiempo atrás le había sacado el corazón. Era ella que había venido por él, como el reflejo de la muerte en la pupila de la luna, como la sangre espesa que corre por el filo de la hoja, como la mordida letal de una víbora, ella lo había venido a buscar.
Su corazón ardía como las entrañas de un volcán. Sus miedos se desvanecieron como palabras en el viento. Su alma otra vez moraba en su cuerpo. Como la primera vez que la vio, estaba vivo, con la fuerza de los dioses en sus manos, y esa sensación de felicidad. Ya no resonaba el ruido de las cadenas en sus pies cansados de caminar. Esas lagrimas que rodaban por su mejilla hasta que morían en la comisura de su labio, ya no le sabían amargas.

“...Hay algo siempre en ti, que me provoca. Y hay algo siempre en mí, que me apasiona. Y en medio de los dos, la furia loca que enciende la pasión en nuestras bocas...

Ya esta... ya paso... fue lo mejor... ( ¿no? ) Ahora estoy mejor... ( Sonríe) Mucho mejor...

No por favor, no se que sucedió. Estaba todo arreglado no se que paso, por favor no me haga nada. Tranquilo.

Se besaron apasionadamente. Ella busco las llaves en su bolso mientras el le daba la vuelta al auto.
Estaba arrodillado, llorando desesperadamente, con las manos atadas en la espalda.
Entraron en el auto, se quedaron un segundo en silencio y ambos sonrieron.

Voy a extrañar ese reloj. Tranquilo, amor, te prometo que te voy a regalar uno igual o mejor. Siempre me gusto que uses ese bolso para estos trabajos.

Saco el puro del interior de su bolsillo, se lo coloco en la boca, y con un chasquido prendió el encendedor. Su cara se ilumino y una espesa bocanada de humo salió de su boca.
Camino alrededor de él, escuchaba como lloraba, volvió a pitar, largo el humo y se agacho. Le agarro una mano y le estiro con fuerza los dedos. El llanto era mas fuerte.
Mordió fuerte el cigarro, extendió su mano y uno de sus ayudantes le paso la tijera para poder plantas. La abrió, el ruido del gancho hizo temblar a nuestro pobre hombre. Coloco uno de los dedos entre las hojas de la tijera y lentamente empezó a apretar. El llanto era desgarrador, resonaba en todos los pasillos del hotel.

Que hora es amor??

El gran reloj del hall central dio las cuatro de la mañana, las campanadas hicieron que todo el mundo mire el reloj. Se armo un gran silencio. El auto arranco y se alejo por el camino. Una pequeña alarma sonó rápidamente y segundos después todo el hotel volaba por los aires.

Escrito por Augusto N Fiorella “Engel”

martes, 6 de enero de 2009

Al atardecer!!


Mientras caminábamos ella quería darme la mano. Me cruce de brazos y seguimos caminando.

Siempre la quise, pero no dejaba que se me acerque, había algo en ella que hacia que mi piel la rechace. La necesito pero no quiero estar con ella.

Ella viene caminando hacia mi. Me mira fijamente. Otra vez la misma sensación. Ese escalofrío que re recorre todo mi cuerpo haciéndome estremecer. Una vez mas mi piel se tornaba reseca y áspera. Cada paso, cada movimiento de ella, cada vez mas cerca, mas ásperas se torna mi piel. Una gota de sudor frió recorre mi frente. Esa electricidad en el aire otoñal, se siente que todo esta cargado de ella, todo se torna electrizante. Las hojas caen suaves sobre los caminitos empedrados del parque.

La mire a los ojos, su expresión amorosa había desaparecido. Ya no era la misma persona, había cambiado. Una sensación en mi estomago me gobernaba. Esa áspera y asquerosa sensación que me gobernaba y hacia que me retuerza se había ido. Ahora era remplazada por un enjambre de mariposas que volaban en mi estomago. Cada aletazo me hacia mas feliz, cada paso era mas la intensidad de esa sensación. Por primera vez me sentía enamorado, Me sentía hechizado. Cada vez estaba mas cerca; sentía el latir de su corazón y como la sangre recorría mi cuerpo de una forma vertiginosa.

En un instante la tuve a un brazo de distancia, abrí la boca para hablarle y decirle que la amaba con locura, que era la mujer de mis sueños, que lamentaba no haberla disfrutado como correspondía en todo este tiempo, pero algo me corto la voz, algo me apretó el cuello y no me dejo decir ninguna palabra.

Todo parecía que se había paralizado, por un momento las hojas doradas de otoño se quedaron inertes suspendidas en el aire, la fuente de agua no salpicaba mas y los pájaros no cantaban. Solamente ella estaba en movimiento, el sol la iluminaba únicamente a ella, todo paso a depender del movimiento de su cuerpo, de su caminar sagaz y del oscilación de sus caderas.

Ella me miró y sin decir nada, ni hacer ningún gesto ni ademanes siguió su camino, pasando por al lado mío y dejando la estela del perfume de su cuerpo que traspasaba la ropa. Me quede un segundo completamente extasiado por el aroma que expedía y sin darme cuenta se había alejado de mi mas o menos a un brazo de distancia. Paso por al lado mío sin darse cuenta de que estaba ahí, de que mi corazón ardía de pasión por ella, por sus manos, por su pelo, por su piel, por sus ojos. No me vio, no se dio cuenta, como si no me conociera. A mi?? Yo que estuve a su lado toda mi vida, que le entregue lo mejor de mi, que le brinde seguridad, compasión, estabilidad... A mi?? No me vio.

Ese silencio que se había formado a nuestro alrededor, toda esa calma ahora era un ruido estrepitoso que aturdía mi cabeza. Todo tomo nuevamente su curso normal. Las hojas doradas continuaron su caída libre hasta reposar sobre los adoquines húmedos de los caminos del parque; la fuente de agua lanzaba con mas presión los chorros de agua y la gente esquivaba las gotas que los mojaban; los pájaros cantaban mas fuerte en busca de su pareja para anidar en la copas de los árboles.

Cuando mire a mi alrededor y vi que todo estaba exactamente igual y todo parecía un mal sueño, mire a lo lejos, en la dirección en la que ella caminaba y me di cuenta que la había perdido, que ya no era mía, que las sabanas iban a estar frías en invierno, y su aroma no me despertara en las mañanas de primavera. Algo extraño sentía ahora en mi estomago en el mismo lugar que sentía esa hermosa sensación de amor. Hasta que algo cayo sobre mi mano, era como una gota, cristalina y transparente. Hasta que la misma gota volvió a salir del lagrimal de mi ojo, eran lagrimas. Algo que no me acordaba que sucedía en momentos así. Era señal de que estaba solo. Seguían cayendo de mis ojos y una por una se tornaban mas ásperas, cayendo al suelo. La lluvia de otoño se mezcla con ellas y juntas lavan el empedrado.

Escrito por Augusto Nicolás Fiorella

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